Polinizadores de principios del verano

Sigo publicando entradas atrasadas, “pasando a limpio” experiencias pasadas en el campo. Aquí va un pequeño paseo que hicimos Jess y yo al volver de Inglaterra, a principios de verano.

Hace unos días (15.06.2015), pude al fin pasar unos días en el pueblo. Hay una cuesta que lleva a la Sierra y, si uno la sigue, se termina llegando a la cima del Cerro de San Cristóbal. A los lados de esta carretera hay una variedad ingente de hierbas y arbustos pequeños, casi todas las hierbas son anuales. Algunas de las especies florecientes que más insectos atraen en esta zona son: Papaver rhoeas, Anacyclus clavatus, Malva sylvestris, Hypericum perforatum, Mantisalca salmantica, Centaurea aspera, Centaurea ornata, Scolymus hispanicus, Teucrium capitatum subsp. gracillimum, Sideritis mugronensis, Rosmarinus officinalis, Cistus albidus, Genista scorpius, Bituminaria bituminosa, Coris monspeliensis, Eryngium campestre, Thapsia villosa, Sedum album. Puede que esta retahíla de nombres científicos de plantas parezca que no sirve de mucho, pero en realidad sirve para poner en situación. Me sorprendió que una jara blanca (Cistus albidus) tuviera a esas alturas del año flores, a pesar del calor, y pude contar unas 6 ó 7, pero al encontrarse al otro lado de una valla de protección al borde de un precipicio, no pude acercarme más a algunas de ellas para examinarlas. Me di cuenta de que muchos insectos apreciaban sus flores, lo cual resulta un punto a favor de la planta.

Heliotaurus ruficollis sobre una flor tardía de Cistus albidus.

Heliotaurus ruficollis sobre una flor tardía de Cistus albidus.

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Andrena variabilis?

Pero, sin duda, las estrellas de la zona eran los lepidópteros, y sobre todo las Argynnis pandora (o Pandoriana pandora). Decenas de ejemplares revoloteaban y planeaban sobre las flores y el bullicio invertebrado. Su tamaño supera con creces el del resto de los polinizadores que por allí pululaban. Imaginaos la cuesta junto al monte, rodeada de flores, con la banda sonora de los gorriones chillones y los colirrojos tizones, y el vuelo de esta mariposa, que aun teniendo unos 8 cm de envergadura, siempre atrae la mirada distraída del naturalista paseante.

El gran ninfálido, Argynnis pandora, alimentándose del néctar del Teucrium capitatum subsp. gracillimum.

El gran ninfálido, Argynnis pandora, alimentándose del néctar del Teucrium capitatum subsp. gracillimum.

Andaba, bueno, más bien, volaba por allí también una Issoria lathonia, otro ninfálido, especie que pocas veces he podido ver y que, por suerte, pude fotografiar en mi canchal favorito. Y no solo estas dos especies en el grupo de los lepidópteros. En un tramo del camino de menos de 20 m encontré estas especies:

Issoria lathonia

Issoria lathonia

Hipparchia semele

Hipparchia semele

Hyponephele lupina

Hyponephele lupina

Pyronia bathseba

Pyronia bathseba

Pontia daplidice

Pontia daplidice

Jess descubrió, entre una zamarrilla, un bonito ejemplar de plusia (Autographa gamma), descansando. También hubo tiempo para encontrar otros órdenes de insectos. Una enorme mosca cernidora o sírfido (me gusta usar las dos denominaciones) de la especie Volucella elegans se dejó fotografiar sobre una enorme inflorescencia de Thapsia:

Volucella elegans

Volucella elegans

Sobre una centáurea, el llamativo Mylabris quadripunctata se daba un festín digno de un patricio romano.

Mylabris quadripunctata

Mylabris quadripunctata

Lo cierto es que el sol calentaba de lo lindo, sin embargo, en un abrir y cerrar de ojos, el cielo se nublo y empezaron a caer algunas gotas. Eran los últimos coletazos de la primavera mediterránea antes de dar paso al verano tórrido. Pegando saltitos, como la familia a la que pertenece muy bien indica, Salticidae, la pequeña araña Philaeus se paseaba en busca de algo que cazar bajo las plántulas de las cornicabras. Creo que la especie en concreto es P. jugatus.

Philaeus

Philaeus

Entre nubes de mariposas, abejas, moscas y avispas, seguimos caminando, en dirección a la cruz que hay a medio camino, señal de retorno para nosotros porque se nos hacía tarde. Aún nos dio tiempo a ver algunos e interesantes seres. Por ejemplo, unas moscas del género Hemipenthes.

Hemipenthes sp.

Hemipenthes sp.

Dos ejemplares de Argynnis pandora y un himenóptero curioso.

Dos ejemplares de Argynnis pandora y un himenóptero curioso.

Me llamó muchísimo la atención una invasión de Cuscuta envolviendo un grupo de plantas junto a una cuneta, hilos e hilos bermejos como si fueran lana ahogaban la vegetación.

Cuscuta

Cuscuta

Graphosoma semipunctatum sobre los frutos verdes de Thapsia villosa.

Graphosoma semipunctatum sobre los frutos verdes de Thapsia villosa.

Lagartija colilarga oriental (Psammodromus jeanneae)

Lagartija colilarga oriental (Psammodromus jeanneae).

En cuanto llegamos a la cruz, nos dimos la vuelta a paso rápido, siempre sin dejar de observar. Los gorriones chillones (Petronia petronia), tan comunes en los tejados de Chinchilla, se juntaban con sus parientes los gorriones comunes (Passer domesticus) junto al antiguo matadero.

Izda.: gorrión chillón (Petronia petronia). Dcha.: gorrión común (Passer domesticus), macho.

Izda.: gorrión chillón (Petronia petronia). Dcha.: gorrión común (Passer domesticus), macho.

Vale, ya sé que me he desviado un poco del tema de la entrada (polinizadores), pero no puedo dejar de lado algunas observaciones que amenizaron todavía más el paseo. Ya era tarde y había que hacer la comida, así que nos dimos prisa en volver a casa.


Lectura recomendada: Guía de los polinizadores de España, de Luis Óscar Aguado Martín, Alberto Fereres Castiel y Elisa Viñuela Sandoval. Libro de reciente aparación, esencial en la estantería del naturalista.

Día 4, parte 1: por la ruta de la muralla de Chinchilla y más allá de la calle Diablos y Tiradores

9.9.2015. El cuarto día, ya estábamos a las nueve de la mañana realizando la ruta de la muralla de Chinchilla, cargados de cámaras y prismáticos. Por la ladera plagada de especies exóticas e invasoras que hay entre la zona baja del pueblo y la muralla, donde lo que más abunda es el género Opuntia, vimos algunos pajaruelos en plena migración, sobre todo sílvidos. Además, una golondrina dáurica (Cecropis daurica) se dejó ver bastante bien. Algunos gorriones chillones (Petronia petronia) hacían lo suyo, chillar, en las almenas del castillo, típico refugio de estas pequeñas aves residentes y gregarias.

Opuntia ficus-indica

Opuntia ficus-indica

Las estrellas de este paseo fueron, sin duda, las lagartijas ibéricas (Podarcis hispanica). En los parterres, los muros, el suelo, si uno iba con suficiente cuidado, se podían observar estos pequeños reptiles en busca de algo que echarse a la boca bajo el sol mediterráneo de la mañana. Durante los días que vivimos estas experiencias, las hormigas voladoras (casi todas del género Messor) ya salían de sus hormigueros en cantidades industriales, y los reptiles, claramente, se aprovechaban bien.

Podarcis hispanica

Podarcis hispanica

Podarcis hispanica

Podarcis hispanica devorando una hormiga voladora.

Una hora después, decidimos volver a casa para beber agua, repostar un rato, hacer caso al gato, que lo teníamos un poco negado al pobre, y después salir por otra zona de Chinchilla, cerca del Mortirolo. En una callejuela encalada, volviendo a casa, detrás del bar La Ermita, Jess encontró un insecto maravilloso que yo tenía muchísimas ganas de ver, la extraña mantispa (Mantispa cf styriaca), un neuróptero, emparentado con las crisopas y hormigas león, que ha desarrollado unas extremidades delanteras que recuerdan a las de las mantis, a las de algunas chinches e incluso dípteros, y a las galeras (Stomatopoda). Con ellas capturan pequeños insectos, muchas veces pulgones, de los que se alimentan. Si os fijáis en la fotografía, las patas de la mantispa se tuercen bastante hacia atrás cuando se encuentra en reposo, todavía no sé por qué.

Mantispa cf styriaca

Mantispa cf styriaca

Tras un rato en casa, volvimos a las andadas. Pensé que podíamos ir a buscar alguna Argiope cerca del pilón que hay siguiendo la calle de Diablos y Tiradores, no sé exactamente cómo se llama la zona, pero hay una surgencia de agua que inunda el borde de la carretera, creando una zona interesante para plantas como el junco churrero (Scirpus holoschoenus) y la enea (Typha dominguensis). La carretera que lleva a esa zona tiene unos años, y a un lado, hay montones de rocas enormes que aprovechan las lagartijas para esconderse. Por el camino, pudimos observar algunos mosquiteros musicales (Phylloscopus trochilus) en migración.

También hubo tiempo para más insectos. En una escalinata cerca del Puntón, unas hormigas me llamaron la atención. Patilargas, negras, con algunas cerdas blancas y el abdomen dirigido hacia abajo, se trataba sin duda de Aphaenogaster ibericaDos de ellas se entregaban al reconocimiento mutuo, juntando las antenas, y otras dos, se encontraban enzarzadas en una extraña lucha, por llamarlo de algún modo: una sujetaba a otra por el cuello, en una especie de sumisión que yo jamás he visto.

Dos obreras de Aphaenogaster iberica.

Dos obreras de Aphaenogaster iberica.

Extraño comportamiento de sumisión en Aphaenogaster iberica.

Extraño comportamiento de sumisión en Aphaenogaster iberica.

En una budleya cercana, decenas de abejas melíferas (Apis mellifera) y algunas abejas solitarias, así como una podalirios (Iphiclides feisthamelii), se afanaban en libar el néctar de las florecillas. No nos detuvimos mucho más, porque el sol ya calentaba, y ya se sabe que los ingleses se tuestan en seguida. Las lagartijas empezaron a hacer acto de aparición en seguida.

Podarcis hispanica. Fotografía de Jess Stokes.

Podarcis hispanica. Fotografía de Jess Stokes.

Podarcis hispanica

Podarcis hispanica

Ya allí, nos metimos entre las eneas y los olmos, y anduvimos por un pequeño prado con un solitario ailanto (que por cierto, habría que talar antes de que empiece a expandirse por esa zona, aunque no muy lejos hay otro…). Había cientos de saltamontes y otros invertebrados de interés, pero ninguna Argiope.

Incluso, en una olivarda ya en flor, vi dos ejemplares de la avispa Scolia hirta que no dejaron fotografiarse porque volaron rápidamente… Aparte de un Solanum nigrum que nos encontramos (identificado por José Antonio López Espinosa), vimos poco más porque el sol calentaba ya fuerte y los bichos reposan un poco a mediodía, así que decidimos volver a casa a comer, que el cuerpo nos pedía algo de comida. Por la tarde, iríamos a las lagunas de Horna y Pétrola a ver aves acuáticas, tras la horrible granizada ocurrida días antes, donde murieron más de 300 flamencos… Más en la próxima entrada.

Día 3, parte 1: La Sierra de Chinchilla, de día

8.9.2015. El tercer día, fuimos a la Sierra de mi pueblo. Pensé que sería interesante observar la zona tras las lluvias, y que el día sería fresco tras las trombas. La mañana amaneció ciertamente fría, pero conforme el sol iba caldeando el ambiente, la cosa se fue poniendo interesante. A pesar de que las máximas no sobrepasaron los 23C, el sol llegó a ser tan abrasador que nos quemamos, literalmente.

Primero nos acercamos otra vez a los aljibes de la Calle de la Fuente, para ver las Iris oratoria de la noche anterior con luz solar, y allí seguían.

Iris oratoria en postura de alerta, con ambas patas delanteras estiradas.

Iris oratoria en postura de alerta, con ambas patas delanteras estiradas.

Desde ahí continuamos subiendo hacia el monte por la carretera. Aparte de una enorme larva de coleóptero sin identificar que encontramos bajo una piedra, no parecía que fueramos a ver muchos seres interesantes, algo que nunca llega a ocurrir, la verdad sea dicha. A media mañana ya se movían algunas aves forestales como el mito (Aegithalos caudatus) y el agateador común (Certia brachydactyla), este último era bimbo para mi amigo. En un húmedo tronco muerto de pino junto a una tubería de conexión entre ambos lados de la carretera vimos varias setas, las primeras de esta época para mí.

¿Mycena?

¿Mycena?

Por el sendero, no muy lejos de las setas y los agateadores, nos encontramos con una vieja conocida, la feroz cazadora de caracoles, una larva de luciérnaga Nyctophila reichii, aventurándose dentro del pinar.

Nyctophila reichii

Nyctophila reichii

Yo empezaba a preocuparme seriamente. A veces me ocurre. Voy al campo y pienso que no voy a ver absolutamente nada, que a causa de no sé qué alineamiento planetario en la galaxia de Andrómeda, por cuestión rarológica, la presencia de animales y plantas se reducirá al mínimo, especialmente en lo que respecta a aves. Pero me equivocaba, aunque yo caminaba alerta, con ojo avizor, en busca de algún anfibio y, la verdad sea dicha, no iba con los ojos muy puestos en el cielo o el horizonte.

Quitameriendas (Merendera montana). Durante estos días observamos muchos ejemplares, no solo en Chinchilla sino también en otros lugares de la provincia de Albacete, como en el sabinar de la laguna de los Ojos de Villaverde. La floración se activa con las lluvias de finales de agosto y alcanzan su apogeo entre ese mes y octubre.

Quitameriendas (Merendera montana). Durante estos días observamos muchos ejemplares, no solo en Chinchilla sino también en otros lugares de la provincia de Albacete, como en el sabinar de la laguna de los Ojos de Villaverde. La floración se activa con las lluvias de finales de agosto y alcanzan su apogeo entre ese mes y octubre. ¡ATENCIÓN! No confundir con el azafrán, ya que la quitameriendas es altamente TÓXICA.

La ajedrea (Satureja montana), labiada de floración otoñal, estaba en su esplendor. Cientos de insectos buscaban zumbando y aleteando el maná de sus modestas flores, entre ellos estaban la niña celeste (Polyommatus icarus) y la mariposa manto bicolor (Lycaena phlaeas).

Niña celeste (Polyommatus bellargus)

Niña celeste (Polyommatus icarus)

Caminamos un buen trecho hasta llegar a un espartal en una ladera. Por el sendero, vislumbramos una pequeña ave rechoncheta que salía disparada volando desde una zona arenosa con abundantes madrigueras de conejo. Era un mochuelo (Athene noctua) que se refugió entre el ramaje de los pinos. En el espartal siguiente, Jess advirtió de la presencia de arañas Argiope lobata, que construyen su enorme tela entre las espigas de los espartos. Dos segundos después, yo ya estaba metiéndome sin querer en una. Las patas de la araña caminando sobre mi muñeca me hicieron dar un traspiés que casi acaba en tragedia. Pocos metros más adelante, otro ejemplar dejó verse antes bien y no hubo que lamentar heridos.

Argiope lobata, hembra.

Argiope lobata, hembra.

Nomisia cf aussereri

Nomisia cf aussereri

Aparte de algunos ejemplares de ortópteros y arácnidos que no he identificado todavía, la cosa comenzó a ponerse interesante cuando en un abrevadero para fauna cinegética cercano encontré unos sapillos moteados (Pelodytes punctatus), una de las poquísimas especies que representan a la clase de los anfibios en la Sierra de Chinchilla.

Sapillo moteado (Pelodytes punctatus)

Sapillo moteado (Pelodytes punctatus)

Nos dio tiempo incluso a ver algunos centípedos, y aunque apareció una scolopendra, no resultó ser la S. cingulata, sino otra especie menos llamativa del mismo género.

Arriba: Scolopendra oraniensis. Abajo: Himantarium gabrielis.

Arriba: Scolopendra oraniensis.
Abajo: Himantarium gabrielis.

Las alondras totovías (Lullula arborea) son una especie de aláudido común en los pinares. En esta época se escuchan los ecos de sus cantos y a veces incluso levantan el vuelo cuando uno pasa muy cerca de ellas. También conseguimos ver varios individuos de totovía por toda la zona, aunque el color de su plumaje las hace díficiles de ver, ya que su cuerpo se difumina con las acículas marrones del suelo del bosque…

Jaminia quadridens

Jaminia quadridens

En mi espartal favorito, donde he observado tantas y tantas cosas, las flores del Allium moschatum florecían entre las macollas de la Stipa. Incluso aquí me dio tiempo a encontrar una nueva especie de molusco que no conocía y que jamás había visto: el caracol Jaminia quadridens. Me llevé dos conchas vacías que me identificaron fácilmente, ya que, según he descubierto, es una especie bastante común en España, en zonas calizas, hasta los 2400 msnm. La cosa se puso interesante, como podéis ver, y mis miedos primarios se esfumaron.

El sol calentaba mucho ya a mediodía (aquí ya nos habíamos quemado), así que emprendimos el camino de vuelta. Queríamos ver alguna lagartija adulta, así que guié a mis amigos a una zona donde sé que habita una pequeña población de lagartija colilarga oriental (Psammodromus jeanneae)En el espartal habíamos visto una veloz lagartija ibérica (Podarcis hispanica) y mi amigo incluso vio y fotografió una cenicienta (Psammodromus hispanicus), pensando que era un ejemplar joven de lagartija colilarga. Por el camino de ida hasta este pequeño e interesante lugar, donde por cierto hemos plantado cositas que han agarrado muy bien con ARBA, fuimos viendo más cosillas interesantes. Jess cogió un pequeño crisomélido que he identificado como Chrysolina diluta. En esta misma salida, también vimos más escorpiones Buthus.

Chrysolina diluta

Chrysolina diluta

Buthus occitanus

Buthus occitanus

Cuando llegamos al sitio de las lagartijas, efectivamente, vislumbramos una cruzando rápidamente el camino, pero se metió en una mata y no salía. Estuvimos alrededor del matojo que albergaba nuestra lagartija colilarga un rato, y cuando me cansé, decidí ir por mi cuenta a revisar la reforestación arbera. No me podía imaginar lo que me encontré bajando el camino. Al borde, subida a una genista, una maravillosa y tranquila lagartija colilarga se encontraba tomando el sol pacíficamente. ¿A que nunca habíais visto una lagartija subida a una genista? Pues aquí tenéis a la estrella:

Psammodromus jeanneae

Psammodromus jeanneae

Psammodromus jeanneae

Psammodromus jeanneae

Psammodromus jeanneae

Psammodromus jeanneae

Nos hizo mucha gracia este comportamiento. Las lagartijas tienen espíritus tranquilos, a pesar de que siempre las vemos corriendo por ahí, huyendo de nuestros torpes pasos en el campo. Si uno se acerca lentamente, es posible tomar imágenes como las que hicimos. Incluso, si el animal está lo suficientemente a gusto, puede llegar a cerrar los ojitos reptilianos en nuestras mismísimas narices… Cerca de allí, unas viejas conocidas, las salamanquesas comunes (Tarentola mauritanica) tomaban el sol tranquilamente, adoptando ese característico color terroso bajo el sol.

Tarentola mauritanica

Tarentola mauritanica

Con estos pequeños reptiles acabó el paseo, que duró prácticamente toda la mañana. Por la tarde acudimos al castillo de Chinchilla, en busca de collalbas negras (Oenanthe leucura). Pero eso lo contaré en la siguiente entrada.

Del cuaderno de campo, observaciones del día 8/9/2015 en la Sierra de Chinchilla (Albacete):
_____
*Anfibios y reptiles:
1. Sapillo moteado (3)
2. Lagarto ocelado 
3. Lagartija ibérica (3)
4. Lagartija cenicienta (1)
5. Lagartija colilarga oriental
6. Salamanquesa común
*Aves:
1. Mito
2. Agateador común
3. Carbonero común
4. Estornino negro
5. Alondra totovía
6. Abejaruco europeo, bandada muy grande
7. Pardillo común
8. Avión zapador
9. Zorzal charlo
10. Mochuelo europeo

Día 2, parte 1: Dunas de Urbanova, de día

7.9.2015. El segundo día, seguíamos en Alicante. Decidimos levantarnos pronto para acercarnos otra vez a la orilla del mar a ver aves, gaviotas en particular. La lluvia caía fuertemente, y durante la noche, algunas salinas de Aiguamarga se habían llenado de agua y al rato se llenarían de gaviotas. En la orilla soplaba un viento que sumado al agua de lluvia, imposibilitaba bastante mantener los prismáticos limpios. En la arena había muchos charcos. Tal como yo había previsto, en la orilla había algunas gaviotas patiamarillas (Larus michahellis), de Audouin (Ichthyaetus audouinii), cabecinegras (I. melanocephalus) y reidoras (Chroicocephalus ridibundus). El cielo gris traía consigo un bando de unos 15 flamencos rosas (Phoenicopterus roseus) que venían sobrevolando la playa del Saladar en dirección Sur. Tras ver esto, decidimos guarecernos nuevamente en casa y continuar la exploración cuando la lluvia amainara un poco, pero esto no llegó a suceder en varias horas. Mi amigo y yo decidimos explorar el borde de la carretera, donde crecía un gran pino carrasco y algunos de sus hijos, en el Saladar de Aiguamarga. No nos adentramos mucho, únicamente unos metros, porque queríamos ver alguna curruca cabecinegra. Esto no fue difícil, pero no aquí, sino en unos olivos cercanos. En Aiguamarga pude admirar la floración otoñal de la cambronera (Lycium intricatum), con sus florecillas violetas.

Lycium intricatum

Lycium intricatum

En esta zona había muchos caracoles comunes (Cornu aspersum) y algunas especies que habíamos visto el día anterior. Decidimos dejar atrás la urbanización para adentrarnos en las dunas vivas que hay tras la playa naturista. Como el tiempo no acompañaba, no nos asustamos viendo culos flácidos. Sí que nos sorprendimos viendo cantidades ingentes de ortópteros, concretamente de las especies Heteracris littoralis Pyrgomorpha conica. Vimos una mata de alcaparra loca  repleta de estos saltamontes, decenas de Heteracris se amontonaban, unos encima de otros a veces, sobre la mata. Para entonces, la lluvia no caía tan torrencialmente y se había convertido en una especie de calabobos.

Pyrgomorpha conica

Pyrgomorpha conica

Sphingonotus cf caerulans

Sphingonotus cf caerulans

Heteracris littoralis

Heteracris littoralis

Truxalis nasuta

Truxalis nasuta

Las fauna y flora dunares del sur de Urbanova son de notable interés. Yo conocía más o menos lo que había porque he visitado la Playa del Carabassí, cercana, y lo que hay en ambos lugares es muy parecido: vegetación típica de arenales costeros con algunas plantas adaptadas a la alta salinidad.
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Recordé que por esta zona hay un geófito muy interesante, la azucena de mar (Pancratium maritimum), así que mi amigo y yo estuvimos alerta por si aparecía uno, y justo es ahora cuando florece. Vimos uno, pero las flores ya se habían convertido en frutos. Quise encontrar también la larva de la mariposa Brythis crini, que se alimenta de las hojas de esta planta, pero no vi ninguna (si queréis ver una larva de esta polilla, podéis hacer click en este enlace, del blog de Pablo Portillo). Seguimos caminando hacia el Sur entre las matas de hinojo marino (Crithmum maritimum), que ya florecía.

Crithmum maritimum

Crithmum maritimum

Correteando entre las hierbas apareció una conocida en este blog, la mantis Rivetina baetica. Menudo bimbo para mi amigo. Una hembra tranquila, enfriada por la lluvia, posó durante un buen rato para nuestros objetivos.

Rivetina baetica

Rivetina baetica

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Gasteruption sp.

Mientras la observábamos agachados, en una planta que había justo a mi derecha, observé un bello himenóptero que todavía estoy tratando de identificar.

A unos metros de allí, crecía una enorme mata de cardo marino (Eryngium maritimum), también floreciendo, y por supuesto, acompañado de las inseparables chinches rayadas (Graphosoma semipunctatum), algunas de ellas en plena cópula, como no podía ser menos.

Nos dio tiempo a ver hasta coleópteros. Los abundantes tenebriónidos llegan hasta aquí. Su gruesa coraza negra les protege del intenso calor y sol. Por supuesto, no podían faltar las estrellas: Tentyria sp. y Blaps cf mucronata. El Tentyria es un escarabajito común en zonas secas junto al mar o húmedas y visto con lupa, posee unas mandíbulas impresionantes. Corre a toda velocidad por la arena. La segunda especie pertenece a un género común en el Mediterráneo. Los Blaps segregan una sustancia apestosa, de olor penetrante, como un ácido, cuando se ven en peligro.
Nos metimos en una zona de cañas bastante sucia (preservativos usados tirados por ahí, bolsas de plástico, excrementos…) donde se habían metido unos pajaritos que resultaron ser verderones, verdecillos, colirrojos… Aunque pasamos un poquito de las aves en este paseo, pues había tantos invertebrados interesantes a cada paso que dábamos que nos era difícil centrarnos en todo. Dentro del cañaveral crecían algunos lentiscos preciosos. Al salir, nos acercamos a una vaguada donde abundaban las olivardas (Dittrichia viscosa). Y allí aparecieron varios nuevos personajes de este ecosistema tan interesante:

Empusa pennata

Empusa pennata

Extraños compañeros de rama. Cicada sp. y ¿Micrommata o Peucetia?

Extraños compañeros de rama. Cicada sp. y ¿Micrommata o Peucetia?

Finalmente, poco después, apareció nuestra ansiada azucena marina en plena floración, un poco empapada, pero floreciendo al fin y al cabo.

Pancratium maritimum

Pancratium maritimum

Y no solo este ejemplar en flor, por lo menos había tres o cuatro más plantas cerca del primero. Con esta planta acabó el paseo, decidimos volver, debíamos descansar y coger fuerzas para el paseo nocturno, esta vez, en Chinchilla.

Pancratium maritimum

Pancratium maritimum

En El Torcío

El otro día (11.07.2015) estuve explorando, junto a unos amigos, las orillas del río Júcar a su paso por el término municipal de Albacete, en el paraje conocido como El Torcío. Para llegar hasta allí desde Albacete, ha de dirigirse uno por la carretera que lleva a Los Pinares, junto a Romica, y en uno de los desvíos se llega hasta el pequeño paraje, atravesando repoblaciones de pinos carrascos y piñoneros, con buenos sotobosques de romeros y coscojas en algunas zonas, y algunos nogales y encinas solitarios.

El Júcar, a su paso por el paraje de El Torcío.

El Júcar, a su paso por el paraje de El Torcío.

Uno de nuestros amigos, amante de la pesca sin muerte, se entretuvo a la orilla del agua, intentando pescar alguna carpa, y mientras, fuimos a dar un paseo para explorar la zona. Alejándonos de la orilla del Júcar, las áridas laderas de las lomas aparecían cubiertas de vegetación mediterránea como romeros, coscojas, pinos carrascos y piñoneros, encinas y algunas zarzas y espinos albares, así como retamas y cardos. Las uvas de pastor (Sedum sediforme) alzaban sus amarillas inflorescencias entre los tomillos y las rocas. Muchas hierbas ya hacía días que andaban agostadas, pero los insectos se encuentran en su salsa en esta zona: calor y sol es lo que necesitan para concluir sus ciclos. Vimos varias especies de hemípteros (chinches), muy abundantes en el monte por estas fechas:

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Jess tuvo la suerte de ver un insecto que jamás he visto, yo me lo perdí, pero al menos le hizo una foto. Se trata de una Stictocephala bisonia, una chinche saltadora de la familia Membracidae, procedente de Norteamérica, que se ha extendido mucho por el sur de Europa.

Stictocephala bisonia

Stictocephala bisonia

Una de las chinches que vi y que fotografié me sorprendió horas más tarde, al comprobar la foto, ya que su escutelo servía de hogar a un pequeño grupo de ácaros parásitos chupadores de hemolinfa.

Chinche verde (Nezara viridula) parasitada por ácaros.

Chinche verde (Nezara viridula) parasitada por ácaros.

Agalla de la avispa parásita Diplolepis eleganteriae sobre un foliolo de rosal silvestre (Rosa sp.).

Agalla de la avispa parásita Diplolepis eleganteriae sobre un foliolo de rosal silvestre (Rosa sp.).

También hubo tiempo para la observación de aves. Las oropéndolas europeas (Oriolus oriolus) no dejaban de cantar desde los altos álamos plateados, incluso conseguimos ver una hembra; pero, sin duda, la estrella de la tarde fue un jovencito alcaudón común (Lanius senator) que se mostró muy dispuesto a ser observado por nuestros curiosos ojos, mientras devoraba una abeja. El canto de los jilgueros resonaba por el vallejo y las golondrinas rozaban el agua a toda velocidad con sus cortos picos para saciar la sed.

Alcaudón común (Lanius senator), joven.

Alcaudón común (Lanius senator), joven.

La flora de la zona también tiene interés científico. Un espino albar (Crataegus monogyna), con los frutos todavía verdes, resistía implacable la insolación veraniega de media tarde, junto al camino, a unos metros del río, donde la zona perdía esa humedad característica de los bosques de galería.

Espino albar (Crataegus monogyna)

Espino albar (Crataegus monogyna)

Los árboles que crecen en la orilla forman un paisaje característico. Los álamos blancos (Populus alba), de follaje plateado, parecen de purpurina cuando el viento voltea las hojas y muestra su envés blanquecino. Otros árboles comunes en la zona son el fresno (Fraxinus angustifolia), los sauces (Salix sp.) y el olmo (Ulmus minor), que no es raro por el Júcar albacetense. En las orillas, los carrizos (Phragmites australis), las cañas (Arundo donax) y las eneas (Typha domingensis) hacen imposible el acceso a las salvajes aguas del Júcar, formando un ambiente sombrío y húmedo que aprovechan los invasores peces mosquito (Gambusia holbrooki) para resguardarse y alimentarse. Estas zonas remansadas son óptimas para ellos, ya que no se aventuran al centro del cauce, donde el agua podría llevárselos, y porque se alimentan de pequeñas larvas de insectos que viven entre los tallos de estas plantas palustres.

Bosque ripario en El Torcío.

Bosque ripario en El Torcío.

Fue una tarde de exploración y descubrimientos naturales en buena compañía, acompañados por el fluir de uno de los ríos que hidratan las secas tierras de nuestra zona, el Júcar.

La Sierra de Chinchilla de noche

El viernes pasado (12/06/2015) organizamos una quedada con algunos miembros del grupo de Facebook de Fauna y Flora de Albacete. Días antes, mi amigo Rafa Torralba me sugirió ir a la Sierra de Chinchilla una noche, a buscar arácnidos y otros animales, y por estar ya a las puertas del verano y debido a las recientes lluvias, la cosa prometía, así que a las 10 en punto de la noche nos encontramos a las afueras de Chinchilla de Montearagón. Desde el punto de encuentro, un parquecillo en la calle de la Fuente, podíamos oír en lo lejano la cantinela primaveral de sapos corredores (Epidalea calamita), y cuando ya estuvimos todos allí, nos dirigimos, cargados de linternas, frontales y cámaras, a los descampados resultantes de la destrucción de la Rambla del Cañaveral, donde se localizaban algunos charcos rodeados de vegetación ruderal. Entre las matas, se oía el cri-cri de los grillos, que cesaba cuando notaban movimiento cerca.

Primer animal observado en la excursión, una hembra de grillo campestre (Gryllus campestris).

Primer animal observado en la excursión, una hembra de Gryllus bimaculatus.

Me sorprendió ver una planta que nunca había visto en Chinchilla pero que es bastante común en Albacete, la compuesta Pallenis spinosa.

(In)Flor(escencia) de Pallenis spinosa.

Inflorescencia en capítulo de Pallenis spinosa.

Tras mucho buscar algún anuro, finalmente Jess divisó un ejemplar de sapo corredor en un gran hueco en la tierra.

Sapo corredor (Epidalea calamita), encontrado en las obras a medio acabar de la Rambla del Cañaveral. Porque la naturaleza, en los sitios destruidos por la mano del hombre, sigue intentando recuperar lo que es suyo.

Sapo corredor (Epidalea calamita), encontrado en las obras a medio acabar de la Rambla del Cañaveral. Porque la naturaleza, en los sitios destruidos por la mano del hombre, sigue intentando recuperar lo que es suyo.

Tras hacerle una sesión de fotos al anfibio, digna de una estrella de Hollywood, seguimos hacia el corazón de la Sierra con el coche. Aparcamos cerca del cuco, la famosa construcción típica de algunas zonas de La Mancha, que consiste en una gran estructura cónica de piedras y una pequeña entrada, que se utilizaba antiguamente como refugio para pastores o ganado o para guardar aperos de labranza, también se conocen como “chozos”, “cubillos” o “bombos manchegos”. Seguimos el camino hacia el Oeste, y allí empezaron a aparecer deseados artrópodos de diversos grupos.

Araña lobo (Lycosa hispanica)

Araña lobo (Lycosa hispanica), aunque por la curvatura de la primera línea de ojos, no sé si identificarla como L. fasciventris. Vimos muchos ejemplares, y esperábamos encontrar alguna Hogna radiata, pero no encontramos ninguna.

El tenebriónido Proctenius luteus.

El tenebriónido Proctenius luteus. Aunque en la foto parece que es de día, la noche era cerrada, cerrada. El flash arregla todo.

Incluso de noche fotografiamos algunas flores que divisamos con la luz de los frontales. Hacía mucho que no visitaba la Sierra de Chinchilla en esta época del año, así que conseguí ver un cardo que no veía desde 2011: el cardo de Granada (Carduus granatensis), de curvadas espinas.

Por supuesto, incluso de noche estas flores atraen insectos, como pudimos observar en otro cardo del género Onopordum, donde dos curculiónidos (gorgojos, escarabajos con probóscide) reposaban, uno de ellos estaba siendo atacado por una marabunta.

Siguiendo el camino, las espigas florales de las candileras (Phlomis lychnitis) se mecían suavemente por la brisa, y las de los espartos (Stipa tenacissima) me recordaban ligeramente a algunos terrenos de La Pampa argentina, con sus características Cortaderias.  Los arácnidos seguían haciendo acto de aparición.

Seguimos encontrando pequeños seres en medio del camino. Una de las sorpresas fue un “saltamontes palo”, posiblemente Acrida ungarica, aunque Truxalis nasuta no se descarta, que Jess no pudo evitar coger con la mano.

José David y Vanesa nos avisaron de que lo habían encontrado en medio del camino. Pudimos examinarlo muy de cerca, ya que se mostraba bastante tranquilo. Es la primera vez que lo veo en la Sierra.

José David y Vanesa nos avisaron de que lo habían encontrado en medio del camino. Pudimos examinarlo muy de cerca, ya que se mostraba bastante tranquilo. Es la primera vez que lo veo en la Sierra.

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Ninfa de Oedipoda caerulescens.

Hubo tiempo hasta para observar lepidópteros.

Y poco más, aparte de algún que otro escarabajo (tenebriónidos y carábidos depredadores), más licósidos, hormigas, liebres… Porque nunca viene mal una buena excursión para comenzar las vacaciones de verano.

Lo que parecía un secarral…

Hace un mes (24/03/2015), ya andaban las carralejas o aceiteras (Berberomeloe majalis), también conocidas como curicas en Albacete, en busca de néctar a pocos metros del mar. En las dunas fósiles de Urbanova (Alicante), estos insectos, así como algunos himenópteros, se afanaban en buscar alimento en lo que podría considerarse un oasis a pequeña escala.

Carraleja (Berberomeloe majalis)

Carraleja (Berberomeloe majalis)

Estos insectos sorprenden por el tamaño de su hinchado abdomen y su coloración, negros con bandas anaranjadas, que han ocasionado muchas veces que la gente piense que son “gusanos” (un término demasiado general). En realidad, son coleópteros que se alimentan de materia vegetal, y que tienen una característica muy curiosa: a través de las articulaciones de sus patas segregan cantaridina, un compuesto químico venenoso que utilizan para defenderse. Por la zona vimos dos ejemplares en menos de diez metros cuadrados. Sorprende que, a pesar de su aspecto, tan regordegtas, sean capaces de desplazarse a semejante velocidad por entre los arbustos y las hierbas.